Washington D.C., a 03 de enero del 2026.- La relación entre Estados Unidos y Venezuela alcanzó uno de sus momentos más críticos tras una serie de ataques militares estadounidenses que culminaron con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, en un operativo confirmado por autoridades de Washington el 3 de enero de 2026.
Antecedentes de la tensión bilateral
La escalada comenzó a consolidarse tras las elecciones venezolanas de 2024, cuyos resultados fueron cuestionados por Estados Unidos y varios países occidentales, al considerar que no cumplieron con estándares democráticos. Desde entonces, Washington endureció su postura mediante sanciones económicas, restricciones petroleras y acciones legales contra altos funcionarios del gobierno venezolano.
Durante 2025, el gobierno estadounidense elevó la presión al incrementar la recompensa por información que condujera a la captura de Nicolás Maduro, al tiempo que lo vinculó públicamente con redes de narcotráfico internacional y organizaciones criminales, acusaciones rechazadas de manera reiterada por Caracas.
Operaciones militares en el Caribe
En el segundo semestre de 2025, Estados Unidos desplegó una ofensiva naval en el Caribe, argumentando que varias embarcaciones vinculadas a Venezuela eran utilizadas para el tráfico de drogas y el contrabando de petróleo sancionado. Estas acciones incluyeron intercepciones marítimas y ataques selectivos, lo que provocó fuertes protestas diplomáticas del gobierno venezolano y alertas regionales sobre una posible escalada militar.
Hacia finales de ese año, la presencia de buques de guerra estadounidenses en la zona se intensificó, marcando uno de los mayores despliegues militares en la región en décadas.
Ataque directo y captura de Maduro
Durante la madrugada del 3 de enero de 2026, se reportaron explosiones y sobrevuelos militares en Caracas y otras zonas estratégicas del país. Horas más tarde, el presidente de Estados Unidos anunció que fuerzas estadounidenses habían ejecutado con éxito un operativo especial en territorio venezolano, logrando la detención de Nicolás Maduro, quien fue trasladado fuera del país para enfrentar cargos en tribunales estadounidenses.
La operación fue presentada por Washington como una acción dirigida contra el crimen organizado y la corrupción, mientras que el gobierno venezolano la calificó como una violación a su soberanía nacional.
Reacciones y consecuencias inmediatas
Tras el anuncio, se registraron apagones, despliegues militares internos y tensión social en Venezuela. La administración venezolana denunció una agresión extranjera y exigió explicaciones ante organismos internacionales.
En el ámbito global, líderes de América Latina y Europa expresaron posturas divididas: algunos gobiernos condenaron la intervención militar, mientras que otros señalaron la captura como un punto de inflexión en la crisis política venezolana.
El escenario abre una nueva etapa de incertidumbre geopolítica en América Latina, con impactos potenciales en la estabilidad regional, el mercado energético y la diplomacia internacional.


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