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Luis Enrique, referente en la educación especial en Celaya

El maestro Luis Enrique Joya Santana, supervisor de la Zona 10 de Educación Especial en Celaya, ha dedicado más de 30 años a transformar vidas a través de la inclusión y el trabajo colaborativo. Su compromiso y liderazgo han sido clave en proyectos que fortalecen la atención educativa para personas con discapacidad en Guanajuato.

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Celaya, Gto., a 22 de octubre del 2025.- Hablar de educación especial en Celaya es mencionar el trabajo incansable del maestro Luis Enrique Joya Santana, actual supervisor de la Zona 10 de Educación Especial perteneciente a la Delegación Regional de Educación V. Con más de tres décadas de trayectoria, su labor representa el compromiso, la empatía y la vocación que caracterizan a quienes hacen de la inclusión una forma de vida.

Desde su oficina, Luis Enrique encuentra cada día una nueva oportunidad para inspirar y transformar. Su motivación nace del contacto con los alumnos, quienes con una sonrisa o un saludo le recuerdan la importancia de continuar. “Cada día es un reto y una oportunidad de servir; aún hay mucho por hacer”, suele expresar con convicción.

Nacido en Celaya, cursó su educación básica en instituciones locales como la Escuela Emeteria Valencia y la Secundaria Francisco Villa. Posteriormente estudió Psicología Clínica en el Instituto Celayense y una maestría en Pedagogía en el Complejo Ignacio Allende, además de un diplomado en Supervisión Escolar del siglo XXI.

Su acercamiento a la educación especial surgió casi por casualidad, pero con el tiempo se convirtió en su propósito de vida. Desde sus primeros años colaborando con APAC en programas de estimulación temprana, hasta su trabajo docente en la Escuela de Educación Especial Mariana A.C., encontró en este ámbito una manera de servir con el corazón.

En 1993, se integró a la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG), donde lideró los entonces Centros de Atención Psicopedagógica de Educación Preescolar (CAPEP). Con la evolución del sistema, continuó su carrera como docente especialista en USAER, lo que le permitió crecer profesionalmente hasta convertirse en supervisor.

Desde hace siete años, encabeza con entusiasmo la Zona 10 de Educación Especial, impulsando proyectos que buscan fortalecer la inclusión y la formación docente. Su filosofía es clara: “La educación especial me eligió a mí. No se trata solo de enseñar, sino de generar oportunidades reales y construir entornos donde todos puedan aprender”.

Proyectos con impacto en la inclusión

Entre las iniciativas que ha desarrollado destacan:

  • Escuelas Incluyentes, un proyecto que capacita a docentes y directivos en atención a la diversidad, promoviendo estrategias para construir espacios escolares más empáticos e integradores.
  • Optimización de recursos USAER, estrategia que fomenta el trabajo conjunto entre docentes especialistas y maestros de educación básica, ofreciendo acompañamiento y asesoría directa incluso fuera de su ruta habitual.
  • Intercambio laboral y cultural entre CAMs, una iniciativa que permite a estudiantes con discapacidad participar en talleres, ferias de empleo, encuentros deportivos y artísticos. Lo que comenzó en Celaya hoy se ha extendido a municipios como Cortazar, Juventino Rosas, Apaseo El Grande y Apaseo El Alto.

Luis Enrique también resalta el papel esencial de las familias, docentes y comunidades escolares que hacen posible cada avance. Actividades como la Feria de Alumnos Sobresalientes de la USAER Benito Juárez son ejemplo del reconocimiento que merecen los logros académicos, artísticos y deportivos de los alumnos con discapacidad.

Una visión más humana de la educación

Para el maestro Joya Santana, la educación especial es más que una rama del sistema: es un recordatorio de nuestra humanidad y de la importancia de construir puentes hacia una sociedad más empática.

“La educación especial somos todos. Nadie está exento de una circunstancia que cambie su vida, y todos merecemos un entorno inclusivo donde podamos desarrollarnos plenamente”, comparte con convicción.

Su historia es reflejo de una vocación genuina y de una misión que trasciende las aulas: demostrar que la inclusión no es un concepto, sino una práctica diaria que transforma vidas.

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