A un cuarto de siglo de los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Estados Unidos y otros países mantienen transformaciones en seguridad, inteligencia, viajes y política internacional
Ciudad de México.- Este 11 de septiembre de 2026 se cumplen 25 años de los atentados terroristas que cambiaron la historia reciente de Estados Unidos y tuvieron repercusiones en distintos ámbitos a nivel internacional.
La mañana del 11 de septiembre de 2001, 19 integrantes de la organización terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales.
Dos de las aeronaves fueron estrelladas contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York. Un tercer avión impactó contra el Pentágono, en Virginia, mientras que el cuarto cayó en un área rural de Pensilvania luego de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control de la aeronave.
Los ataques provocaron la muerte de 2 mil 977 personas, además de los 19 secuestradores. Entre las víctimas se encontraban pasajeros, trabajadores de los edificios atacados, bomberos, policías y otros integrantes de los equipos de emergencia.
Así ocurrió el 11 de septiembre de 2001
El primer impacto se registró a las 8:46 de la mañana, cuando el vuelo 11 de American Airlines golpeó la Torre Norte del World Trade Center.
A las 9:03 horas, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. Minutos después, a las 9:37, el vuelo 77 de American Airlines impactó contra el Pentágono.
El último de los cuatro aviones, el vuelo 93 de United Airlines, cayó a las 10:03 horas cerca de Shanksville, Pensilvania. De acuerdo con las investigaciones posteriores, los pasajeros y tripulantes intentaron impedir que los secuestradores alcanzaran su objetivo.
La secuencia de ataques puso en evidencia importantes deficiencias en los sistemas de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, particularmente en el intercambio de información entre las distintas agencias.
La Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos, conocida como Comisión del 11-S, identificó fallas en materia de inteligencia, coordinación institucional y capacidad para interpretar las señales que advertían sobre la amenaza.
Afganistán y el inicio de una nueva etapa militar
La respuesta del gobierno estadounidense comenzó semanas después de los atentados.
El 7 de octubre de 2001, Estados Unidos inició operaciones militares en Afganistán contra Al Qaeda y el régimen talibán, al que responsabilizó de haber proporcionado refugio a integrantes de la organización terrorista.
La intervención dio paso a una guerra que se prolongó durante aproximadamente 20 años. En 2021, Estados Unidos retiró sus tropas del país y los talibanes recuperaron el control del gobierno afgano.
La política exterior estadounidense también cambió de manera importante durante esos años.
En 2003, Estados Unidos invadió Irak. Sin embargo, la investigación de la Comisión del 11-S no encontró evidencia de que el gobierno de Saddam Hussein hubiera participado en la planeación o ejecución de los ataques del 11 de septiembre.
El nacimiento de una nueva estructura de seguridad
Uno de los cambios más importantes ocurrió dentro del propio gobierno estadounidense.
En 2002 se aprobó la creación del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS), que comenzó operaciones en 2003 con el objetivo de coordinar distintas dependencias relacionadas con la protección del territorio y la seguridad nacional.
También se creó la Transportation Security Administration (TSA), encargada de reforzar la seguridad en los sistemas de transporte.
Los aeropuertos fueron uno de los espacios donde los cambios resultaron más visibles. Los controles de pasajeros, equipaje y acceso a las aeronaves se volvieron más estrictos y modificaron de manera permanente la experiencia de viajar.
Más vigilancia y coordinación de inteligencia
Los atentados también provocaron una transformación en las políticas de inteligencia y vigilancia.
Después del 11-S, el Congreso estadounidense aprobó la USA PATRIOT Act, legislación que amplió las facultades de las autoridades para investigar posibles actividades relacionadas con el terrorismo y estableció mecanismos para facilitar el intercambio de información.
Posteriormente, la Intelligence Reform and Terrorism Prevention Act de 2004 creó el puesto de Director Nacional de Inteligencia y estableció el National Counterterrorism Center, con el objetivo de mejorar la coordinación entre las distintas agencias.
Estas medidas fortalecieron las herramientas de prevención y combate al terrorismo, aunque también generaron un amplio debate sobre privacidad, vigilancia gubernamental y libertades civiles.
El impacto también llegó a la salud
Las consecuencias del 11 de septiembre no terminaron con las labores de rescate y limpieza.
Miles de bomberos, policías, trabajadores de emergencia, residentes y otras personas estuvieron expuestos al polvo, humo y sustancias presentes después del colapso de las Torres Gemelas.
Con el paso de los años, algunos de ellos desarrollaron problemas de salud relacionados con aquella exposición.
Para atender estas consecuencias, Estados Unidos creó el World Trade Center Health Program, encargado de proporcionar atención y seguimiento médico a sobrevivientes y personas que participaron en las labores de rescate, recuperación y limpieza.
Así, un cuarto de siglo después de los atentados, las consecuencias sanitarias continúan formando parte de la historia del 11-S.
Los viajes cambiaron después del 11-S
La transformación también fue evidente para millones de viajeros.
Los aeropuertos incorporaron procedimientos adicionales de inspección, identificación y detección de posibles amenazas. Las reglas sobre los objetos que pueden transportarse a bordo de las aeronaves también fueron modificadas.
La seguridad aeroportuaria pasó a ocupar un lugar central en los viajes internacionales y se convirtió en uno de los cambios más visibles derivados de los atentados.
Un impacto que trascendió a Estados Unidos
El 11 de septiembre también modificó la cooperación internacional.
Distintos países reforzaron sus mecanismos de intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza y combate al financiamiento del terrorismo.
La amenaza terrorista adquirió una mayor relevancia dentro de las agendas de seguridad de numerosos gobiernos, mientras que la cooperación entre instituciones nacionales e internacionales se volvió una herramienta fundamental para prevenir nuevos ataques.
25 años después, ¿qué cambió?
El legado del 11 de septiembre puede observarse en numerosos aspectos de la vida cotidiana y de las políticas de seguridad.
Los aeropuertos tienen controles más rigurosos, los gobiernos cuentan con estructuras especializadas para enfrentar amenazas terroristas y los organismos de inteligencia mantienen mayores mecanismos de coordinación.
Sin embargo, las transformaciones también generaron cuestionamientos sobre los límites de la vigilancia estatal, el equilibrio entre seguridad y derechos individuales y las consecuencias de las guerras emprendidas después de los atentados.
A 25 años de aquella jornada, el 11 de septiembre de 2001 permanece como un punto de referencia para comprender buena parte de la política internacional y de las estrategias de seguridad que marcaron las primeras décadas del siglo XXI.
La fecha también representa el recuerdo de las 2 mil 977 personas que murieron en los ataques y de las miles más que, con el paso de los años, han enfrentado consecuencias físicas, psicológicas y sociales derivadas de aquella tragedia.


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