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Crisis en Nepal: protestas juveniles provocan la caída del gobierno y dejan más de 30 muertos

Manifestaciones masivas en Nepal, impulsadas por la Generación Z, derivaron en violencia, ataques a edificios oficiales y la dimisión del primer ministro.

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Katmandú, NP., a 11 de septiembre del 2025.- Nepal atraviesa una de las jornadas más convulsas de su historia reciente. Una serie de protestas, encabezadas principalmente por jóvenes, derivó en la renuncia del primer ministro Khadga Prasad Oli y dejó un saldo de al menos 31 personas fallecidas y más de un millar de heridos.

El detonante fue la decisión gubernamental de bloquear temporalmente redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp, X y YouTube, bajo el argumento de que no cumplían con un registro oficial para operar en el país. Aunque la medida fue revertida días después, el malestar ciudadano ya había escalado, alimentado por denuncias de corrupción, nepotismo y falta de oportunidades económicas.

Las manifestaciones, inicialmente pacíficas, se tornaron violentas en Katmandú y otras ciudades. Se registraron incendios en edificios gubernamentales, ataques a residencias de figuras políticas y la fuga de casi 900 reclusos tras el asalto a varias prisiones. Entre los hechos más graves, se reportó la muerte de Rajyalaxmi Chitrakar, esposa de un ex primer ministro, y la agresión al ministro de Finanzas, quien fue golpeado y arrojado a un río por manifestantes.

Desde la abolición de la monarquía en 2008, Nepal ha experimentado una inestabilidad política crónica, con 13 gobiernos en menos de dos décadas. El presidente Ram Chandra Paudel ha prometido buscar una salida “dentro del marco constitucional”, mientras se discute la formación de un gobierno interino. El ejército ha advertido que podría intervenir si la violencia persiste.

Analistas señalan que esta movilización, bautizada como “la revuelta de la Generación Z”, refleja un cambio generacional en la política nepalí, con demandas centradas en transparencia, igualdad y libertad de expresión. El país enfrenta ahora el reto de canalizar el descontento hacia reformas profundas o arriesgarse a un nuevo ciclo de inestabilidad.

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