Ciudad de México, a 02 de octubre del 2025.- El 2 de octubre de 1968, México vivió una de las noches más trágicas de su historia moderna. Miles de estudiantes, profesores y ciudadanos se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para manifestarse de forma pacífica como parte del Movimiento Estudiantil de 1968. Lo que comenzó como un mitin de protesta terminó convertido en una matanza, cuando el Ejército mexicano y el Batallón Olimpia abrieron fuego contra la multitud.
El país era gobernado por Gustavo Díaz Ordaz, presidente emanado del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien había adoptado una política de mano dura frente a las protestas. Desde julio de 1968, el movimiento estudiantil exigía el fin de la represión, la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos y el respeto a las libertades democráticas.
Un operativo militar que derivó en tragedia
La manifestación del 2 de octubre estaba convocada para las 5:00 de la tarde. Mientras los oradores hablaban, el cielo se iluminó con bengalas lanzadas desde un helicóptero: era la señal para que los francotiradores del Batallón Olimpia, infiltrados entre los edificios, abrieran fuego.
De acuerdo con documentos desclasificados por el Archivo General de la Nación y testimonios de sobrevivientes, la acción fue parte de un operativo planificado por el Estado. Los disparos provocaron caos y pánico entre los asistentes; cientos de personas corrieron buscando refugio, mientras los militares rodeaban la plaza y realizaban detenciones masivas.
El número real de víctimas sigue siendo incierto. El gobierno federal reportó oficialmente 26 muertos, pero investigaciones independientes y organismos de derechos humanos han estimado entre 200 y 300 personas asesinadas, además de más de 1,000 detenidos y decenas de desaparecidos.
Un crimen de Estado
Con el paso de los años, diversas investigaciones y testimonios confirmaron que el operativo fue una acción deliberada para silenciar al movimiento estudiantil, que representaba una amenaza al régimen autoritario. En 2002, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) reconoció oficialmente la matanza de Tlatelolco como un crimen de Estado.
El entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz asumió “responsabilidad moral” por los hechos en su último informe de gobierno, pero nadie fue juzgado penalmente por la represión. Su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, fue procesado décadas después, pero murió sin sentencia.
Repercusiones históricas
La masacre de Tlatelolco no solo truncó un movimiento, sino que cambió para siempre la relación entre el Estado y la sociedad mexicana. A partir de 1968 surgieron nuevas formas de organización política, movimientos sociales y una exigencia constante de libertad de expresión, justicia y derechos humanos.
El Movimiento Estudiantil de 1968 se convirtió en símbolo de resistencia y en un punto de quiebre que inspiró a futuras generaciones. Desde entonces, cada 2 de octubre, miles de personas marchan por las calles del país con la consigna: “2 de octubre no se olvida”.
A 57 años de distancia, la herida sigue abierta. El reclamo de verdad, justicia y memoria continúa vivo entre los familiares de las víctimas y los sobrevivientes, que insisten en que la historia no debe repetirse.
Porque el 2 de octubre no se olvida… se exige justicia.


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