San Francisco del Rincón, Gto., a 31 de enero del 2026.- La cocina tradicional de Guanajuato también se construye en los barrios, en los fogones familiares y en los negocios que pasan de generación en generación. Ese legado vive en la historia de Maricela González, mejor conocida como Chely González, cocinera tradicional originaria de San Francisco del Rincón, quien representa la tercera generación dedicada a la preparación del pambazo y otros platillos populares.
El origen de este proyecto familiar se remonta a hace más de tres décadas, cuando su madre inició el negocio como una alternativa para enfrentar dificultades económicas. Desde entonces, el pambazo, el pozole y la patita en vinagre se convirtieron en el sustento del hogar y en una referencia de sabor entre la comunidad. Chely se integró desde muy joven, impulsada por el gusto por la cocina y el deseo de apoyar. Los sábados de venta marcaron sus primeros pasos dentro del negocio.
Hace 11 años, Chely decidió consolidar el legado con su propio espacio. Actualmente, su cocina no solo conserva recetas tradicionales, sino que también sostiene a toda su familia. Su esposo, su hijo y un sobrino forman parte del equipo que mantiene viva la tradición. Con orgullo, destaca que el oficio ya avanza hacia una nueva etapa, con proyectos impulsados por la siguiente generación.
El pambazo de San Francisco del Rincón es el sello distintivo de su propuesta gastronómica. A diferencia de otras regiones, el pan utilizado es más grande y suave, una característica que dio origen al Festival del Pan Bazo, celebrado cada septiembre como un reconocimiento a este alimento emblemático de la identidad local. Este pan, elaborado de manera artesanal en la región, es parte fundamental de la tradición culinaria del municipio.
Aunque la receta original se basa en frijol y papa, Chely ha incorporado variantes como chorizo o carne molida, respondiendo a las preferencias del público. La cercanía con sus clientes y la honestidad en su cocina son elementos que fortalecen su propuesta y su permanencia a lo largo del tiempo.
Más allá de los sabores, la cocina significó para Chely una oportunidad de transformación. En momentos complejos, el trabajo diario le permitió sacar adelante a su familia y garantizar el bienestar de sus hijos. Su historia refleja el papel de muchas mujeres que, desde la cocina popular, impulsan la economía familiar, preservan la identidad cultural y fortalecen el tejido comunitario.
Chely González invita a conocer y valorar la gastronomía guanajuatense, recordando que cada platillo tradicional es también una historia de esfuerzo, memoria y arraigo.

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