Irapuato, Gto., a 07 de febrero del 2026.- La trayectoria de María del Rocío Ibarra Escalera, cocinera tradicional de Irapuato, tiene raíces profundas en la cocina familiar y en las prácticas culinarias del rancho y la sierra. Su aprendizaje comenzó desde la infancia, cuando participaba en celebraciones y reuniones donde observaba la preparación de barbacoa, mole y guisos tradicionales, sin recetas escritas, guiándose por la memoria, el sabor y la experiencia.
Conforme pasó el tiempo, la comida industrializada dejó de ser una opción para ella. El gusto por lo hecho en casa la llevó a tomar la decisión de cocinar por cuenta propia, una elección que con los años se transformó en vocación y en un compromiso firme con la cocina tradicional de su municipio.
Su propuesta culinaria se construye a partir de la identidad gastronómica de Irapuato, integrando ingredientes representativos como la fresa, además de hierbas y flores comestibles. Aunque su formación se basó en recetas tradicionales centradas en carnes, decidió aportar un enfoque fresco que incorpora color, aromas naturales y combinaciones que respetan los sabores originales.
Entre los platillos que mayor reconocimiento le han dado se encuentran los sopes de maíz azul, las tortillas fritas de maíz azul con arrachera en salsa de fresa y la barbacoa, considerada su platillo insignia. Esta preparación le permitió obtener el segundo lugar en el Festival de la Fresa de Irapuato, al presentar un taco de barbacoa con tuétano. También destacan sus chilaquiles y el pan de elote, elaborados con técnicas tradicionales.
Ejercer como cocinera tradicional representó un cambio significativo en su vida. A su edad, enfrenta el reto de romper estereotipos y demostrar que la cocina tradicional mexicana también es espacio para las nuevas generaciones. En diversas ocasiones, las personas asumen que la responsable es su madre, sin embargo, es ella quien encabeza el proyecto culinario.
Para María del Rocío, la cocina es una responsabilidad cultural. Reconoce que muchas prácticas gastronómicas se están perdiendo entre los jóvenes, por lo que considera indispensable preservar los sabores que representan a Guanajuato. Desde su visión, la cocina tradicional es sinónimo de salud, identidad y continuidad histórica.
Ese conocimiento ya se transmite en su propio hogar. Ha comenzado a enseñar recetas a sus hijos; su hijo de 15 años ya prepara barbacoa y aprende a elaborar gorditas. Para ella, enseñar a cocinar implica respeto por los alimentos y conciencia del trabajo que hay detrás de cada platillo.
Convencida de que la gastronomía es un punto de encuentro, María del Rocío defiende la cocina tradicional como un lenguaje común que conecta generaciones y mantiene vivas las raíces gastronómicas de Irapuato y Guanajuato.


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