El INAH localizó nueve cráneos, cinco mandíbulas y otros restos humanos, además de piezas de cerámica y obsidiana que podrían aportar información sobre las prácticas funerarias de antiguas comunidades
Ciudad de México.- Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrieron un posible osario durante los trabajos arqueológicos relacionados con la construcción del Tren de Pasajeros México-Querétaro, en las inmediaciones de la terminal de Buenavista, en la Ciudad de México.
El hallazgo incluye nueve cráneos, cinco mandíbulas y diversos restos humanos, así como piezas de cerámica, figurillas y herramientas de piedra. De acuerdo con las primeras estimaciones, los materiales podrían corresponder al periodo Posclásico Tardío (1200-1519 d.C.) o a los primeros años del contacto con los españoles.
El descubrimiento ocurrió el 17 de septiembre de 2026, durante los trabajos de terraplén para la instalación de las vías ferroviarias. Las excavaciones estuvieron supervisadas por el INAH, como parte de un proyecto de salvamento arqueológico coordinado por el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén.
De acuerdo con Josué Castillo Sánchez, responsable de los trabajos en campo, las excavaciones alcanzaron 1.40 metros de profundidad, donde inicialmente aparecieron cráneos, mandíbulas, fragmentos de caderas, fémures, costillas y dientes.
En un nivel más profundo se identificó un depósito funerario sin conexión anatómica entre los restos, característica que apunta a que podría tratarse de un osario.
Hasta ahora se han contabilizado nueve individuos. Dos de los cráneos presentan modificaciones, mientras que también se recuperaron cinco mandíbulas y huesos largos, entre ellos radios, tibias e iliacos, que mantienen un buen estado de conservación.
Las características de las modificaciones craneales, así como la edad y el sexo de las personas, serán determinados mediante estudios especializados en el Laboratorio de Antropología Física del proyecto.
Cerámica y herramientas aportan pistas sobre su antigüedad
Además de los restos humanos, los arqueólogos recuperaron materiales que permiten ampliar las posibilidades de interpretación del sitio.
Entre ellos se encuentran fragmentos de cerámica de tradición Azteca III (1350-1520 d.C.), principalmente objetos de uso doméstico como platos, ollas y salineras, estas últimas relacionadas con la extracción de sal en el antiguo lago de Texcoco.
También fueron localizados siete malacates en miniatura, dos figurillas y herramientas de piedra pulida. Destacan cuatro fragmentos de manos de metate y mortero, así como navajillas elaboradas principalmente con obsidiana verde, posiblemente procedente de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo.
José Manuel Cervantes Pérez, responsable del Laboratorio de Antropología Física, explicó que la combinación de restos humanos y materiales arqueológicos podría relacionarse con los últimos años de la época prehispánica y el periodo colonial.
Esta hipótesis cobra relevancia debido a que el sitio se encuentra dentro de lo que antiguamente fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco, por lo que el descubrimiento podría aportar información sobre las prácticas funerarias de sus habitantes.
La cercanía con una iglesia del siglo XVI
Otro elemento de interés es la ubicación del hallazgo, cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida durante el siglo XVI y utilizada como capilla de visita por los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.
Los especialistas señalaron que en otros puntos de la Ciudad de México se han identificado osarios vinculados con el periodo virreinal e incluso con los primeros años del contacto entre las culturas prehispánicas y españolas.
Sin embargo, la presencia de materiales anteriores a la conquista también abre nuevas preguntas sobre la historia del lugar y la continuidad de las prácticas funerarias.
Por su parte, la antropóloga física Abril Machain Castillo, encargada de la exhumación, explicó que uno de los elementos que permite considerar el depósito como un posible osario es la selección de piezas óseas encontradas, principalmente cráneos y huesos largos, sin una presencia significativa de fragmentos pequeños o irregulares.
Esto podría indicar que los restos fueron trasladados después de que las personas fueran sepultadas originalmente en otro espacio, para concentrarlos posteriormente en un sitio destinado a conservarlos.
Finalmente, después de su registro arqueológico en el lugar, los materiales fueron trasladados a los laboratorios de antropología física, lítica y cerámica del proyecto, ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo.
Ahí pasarán por procesos de limpieza, restauración y análisis especializado antes de quedar bajo resguardo, con el propósito de determinar su antigüedad y aportar nuevos datos sobre la historia de las antiguas comunidades de la Ciudad de México.

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